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8 de octubre de 2020

Juan Domingo Perón, el líder político más importante de la historia argentina

A 125 años de su nacimiento, un repaso de la intensa vida de quien fue elegido presidente en tres ocasiones obteniendo porcentaje de votos nunca repetidos.

Hoy se cumplen 125 años del nacimiento de Juan Domingo Perón, el fundador del movimiento político más importante de la historia argentina y que fue elegido presidente en tres ocasiones (1946, 1951 y 1973) en elecciones limpias, obteniendo porcentaje de votos nunca repetidos en la historia. En esta columna haremos un breve repaso por su intensa vida. Juan Domingo, hijo de Mario Tomás Perón y Juana Sosa, nació en la localidad de Lobos, provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895. Tuvo un hermano mayor, Mario Avelino, nacido en 1891 y ambos fueron hijos naturales (sus padres los concibieron sin estar casados, contrajeron matrimonio años después). Los abuelos del futuro líder político lo marcaron a fuego: Tomás Liberato Perón fue un destacado médico, del Partido Conservador, que participó en la Guerra de la Triple Alianza y se le atribuye haber sido el primer argentino en desarrollar una vacuna antirrábica. Éste se casó con Dominga Dutey con quien tuvo tres hijos, uno de ellos Mario Tomás, el padre de Juan. Por su parte, su abuela materna, Mercedes Toledo, era una india tehuelche del pueblo de Azul que contrajo matrimonio con Juan Irineo Sosa, santiagueño de familia quechua, de profesión albañil que vivía en Lobos. De esa pareja nacieron siete hijos e hijas, una de ellas fue Juana Sosa la madre de Juan Domingo. Años después, Perón afirmó que “me siento muy honrado por llevar sangre tehuelche, descendiendo por vía materna de quienes poblaron la Argentina desde siglos antes de llegar los colonizadores”. En 1899, los padres de Juan Domingo y Mario se trasladaron a las llanuras patagónicas del sur de la Argentina en busca de oportunidades de trabajo. Ese clima hostil, afirman algunas biografías, marcó a fuego el temple de Perón. En 1907, Juan Domingo se trasladó a Buenos Aires para realizar sus estudios primarios y secundarios. Si bien su anhelo era ser médico como su abuelo, en 1911 ingresó con una beca al Colegio Militar. (Fuente www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de "share" o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a perfilcom@perfil.com

Las elecciones que cambiaron la historia argentina para siempre Ya de pequeño, Perón mostró afición por el deporte, en especial el boxeo, pero una lesión lo obligó a dejarlo, así que adoptó la esgrima como principal actividad y también dedicaba tiempo a practicar fútbol, atletismo y equitación. En 1913 egresó del Colegio Militar con el grado de subteniente del arma de Infantería: su orden de mérito fue 43 entre 121 de su promoción.  "Nunca fui ni muy estudioso ni muy aplicado", afirmó. En 1915, Perón ascendió a Teniente, siendo destinado a un regimiento en Santa Fe, allí fue, donde le vio por primera vez la cara a la miseria. “En un país con cincuenta millones de vacas -señalaría años después- más del 30 % de los conscriptos eran rechazados del servicio por debilidad constitucional, y a los que se incorporaban venían semidesnudos, como provenientes de la mayor miseria. Este impacto sobre mi sensibilidad de entonces estaba destinado a perdurar toda mi vida”. En 1916, en ocasión de las primeras elecciones bajo la Ley Sáenz Peña (voto universal masculino, secreto y obligatorio), Perón votó por el líder de la Unión Cívica Radical, don Hipólito Yrigoyen. A Juan, el amor le llegó a los 34 años, cuando en 1929, se casó con Aurelia Tizón una joven maestra, pintora y traductora de inglés y se mudaron a un pequeño departamento ubicado en la Avenida Santa Fe al 3600 de la Capital Federal. En 1930 fue designado miembro del Estado Mayor del Ejército y Profesor Titular de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra. Esta labor le permitió desarrollar una gran habilidad oratoria que constituirá una de sus mejores condiciones para ejercer en la política. En esos años también publicó varios libros como “El frente oriental de la guerra mundial en 1914”; “Apuntes de historia militar”; “Apuntes sobre la Guerra Ruso-Japonesa de 1905”, etc. En su legajo se informaba que Perón era "estudioso, preparado, muy bien orientado e inteligente. Cuida con gran esmero la preparación, salud y alegría de su tropa, a la que en todo le da el ejemplo, por lo que tiene ante ella un visible ascendiente. De elevada moral militar, muy disciplinado y respetuoso. Caballeresco y excelente camarada. Es correctísimo en el uniforme. Ha hecho un culto tal de su profesión que para él, ella está sobre intereses y pasiones”. Cuando se produjo la primera interrupción del orden constitucional en la historia argentina, con el golpe a Hipólito Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930, algunos autores afirman que Perón cumplió un rol destacado. Esto no fue así. En realidad, Perón estaba cercano a la facción de Agustín P. Justo, partidario del proyecto liberal contrario al intento fascista/mussoliniano del golpista José Félix Uriburu. Años después, siendo presidente, ante una Plaza de Mayo colmada, Perón realizó una autocrítica. “El presidente Yrigoyen -señaló- fue el primer presidente argentino que defendió al pueblo, el primero que enfrentó a las fuerzas extranjeras y nacionales de la oligarquía, para defender a su pueblo. Y lo he visto caer ignominiosamente por la calumnia y los rumores”. Ante la atenta escucha del pueblo, Perón continuó “después de la revolución, lo meten preso a Yrigoyen en Martín García, hacen investigaciones en las que revisan hasta los colchones a los que habían sido acusados y a ninguno se le pudo probar absolutamente nada…Después cuando Yrigoyen murió, todos decía: ‘¡Pobre Viejo!’. Y un millón de personas lo acompañó al cementerio, un millón que faltó, en la Plaza de Mayo, el día de la Revolución”. Las muertes de Perón Para 1936, Perón fue ascendido a Coronel y designado como Agregado Militar en la Embajada Argentina en la República de Chile. En 1938, la primera desgracia golpeó a su puerta: víctima de un cáncer de útero murió su esposa Aurelia “Potota” (deformación de “Preciosa”). Perón quedó destrozado, se tomó licencia y volvió a la Patagonia para visitar a su madre. Poco después, en el bienio 1939-1940 fue enviado por el Ejército argentino a una misión de estudios en el extranjero. Fijó residencia en Italia (donde se entrevistó con el Papa Pío XII y con Benito Mussolini) y recorrió España, Alemania, Hungría, Francia, Yugoslavia y Albania. Algunas biografías afirman que en Italia se enamoró de Giuliana dei Fiori, de 20 años, perteneciente a una destacada familia milanesa. Cuando el escenario bélico se puso más complejo, Perón debió volver a Argentina, se separó de Giuliana y nunca más volvieron a verse. En 1941, fue destinado al Centro de Instrucción de Montaña del Regimiento de Infantería “Cazadores de Los Andes”, en Mendoza, donde estableció una estrecha relación con dos personas que serán claves en su vida política: Edelmiro J. Farrell director del Centro y el teniente coronel Domingo Mercante. En 1943, lo ubicamos a Perón de vuelta en Buenos Aires, integrando una logia del Ejército, el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), una veintena de coroneles y teniente coroneles, con ideologías diversas (unos partidarios de los Aliados, otros pronazis), pero que coincidían en el repudio al fraude impuesto en la Década Infame, en la necesidad del desarrollo industrial de la Argentina y en un furibundo anticomunismo. Así, el GOU formó parte del golpe militar del 4 de junio de 1943 que terminó con la administración conservadora y fraudulenta de Ramón S. Castillo. El día que Perón fue a visitar a los presos En los primeros tiempos de esta dictadura militar se persiguió a obreros y estudiantes, se prohibieron sindicatos, se cerró el Congreso, se proscribieron los partidos políticos, la prensa fue censurada y ante los reclamos laborales se recurrió a la represión lisa y llana. Sin embargo, Perón tenía en mente otra estrategia: había que acercar a los trabajadores al Estado. Era imperioso atender a su precaria situación laboral y social. El país atravesaba un proceso de desarrollo industrial desde la década anterior, pero la vida del obrero era paupérrima. Perón, y aquí radica su genio político, vio e impulsó una estrategia que los demás no observaron, no quisieron ver o eligieron no impulsar. Así, en octubre de 1943, Perón fue designado al frente del Departamento Nacional del Trabajo, que en menos de un mes transformó en la Secretaría de Trabajo y Previsión (STP), que tendría mayores competencias y mayor asignación presupuestaria. Desde la STP, Perón impulsó el acercamiento con los principales dirigentes sindicales, a excepción de los comunistas, a fin que presentaran sus reclamos, que tras décadas de postergaciones, empezaron a verse satisfechos. De este modo, el coronel Perón, desde la primera hora de la mañana, atendía a los obreros en la STP con una cortesía nunca antes vista, les hablaba en lenguaje claro, llano, distinto al de los políticos tradicionales y redactaba con su propia mano los decretos y convenios de trabajo. Cuando un dirigente le daba la espalda, Perón llamaba al segundo de ese sindicato y le ofrecía mejoras a cambio de abrir un sindicato paralelo. En poco menos de dos años, la STP firmó miles de convenios colectivos de trabajo, estimuló la afiliación sindical, otorgó aumento de salarios, vacaciones pagas, estabilidad en el empleo, incorporó a dos millones de personas al régimen jubilatorio y creó los tribunales del trabajo, que vendrían a reparar décadas de desprotección jurídica de los trabajadores en el país. La STP, afirmaban los dirigentes sindicales “no funcionaba como una regulación estatal por encima de las clases, actuaba como un aliado estatal de la clase trabajadora”. El año 1944 fue un torbellino de sensaciones para Perón, en todos los aspectos. En enero conoció a Eva Duarte (25) en un acto en el Luna Park para recaudar fondos para las víctimas de un terremoto que devastó la provincia de San Juan, dejando más de diez mil muertos. El flechazo fue mutuo e impactante. Al poco tiempo se fueron a vivir juntos y nunca más se separaron. Meses después, al asumir Farrell como presidente, Perón fue designado ministro de Guerra y vicepresidente, además de director de la STP. Era, sin dudas, el hombre más fuerte del gobierno militar y el que le dio un proyecto político a la llamada Revolución de Junio de 1943.   A comienzos de 1945, a instancias de Perón, la Argentina le declaró la guerra a una Alemania exangüe, se depuró a los sectores más reaccionarios del gobierno y se otorgaron más libertades políticas. Así, la oposición se envalentonó y realizó, el 19 de septiembre, la Marcha de la Constitución y la Libertad. Una enorme manifestación de un cuarto de millón de personas, en la Plaza San Martín de la Capital Federal, exigió la entrega del gobierno a la Corte Suprema y el regreso de los militares a los cuarteles.     El 8 de octubre de 1945, el día de su cumpleaños número 50, Perón fue detenido por un sector del Ejército, liderado por el General Ávalos, de la Guarnición de Campo de Mayo que le exigió la renuncia a todos sus cargos. Las criticas hacia Perón estaban centradas en el manejo de la política exterior, la audacia de las reformas laborales y su relación con Eva Duarte. Antes de ser enviado a la Isla Martín García, Perón dio un discurso de despedida en la STP, ante cincuenta mil obreros. Allí les pidió a los trabajadores que confiaran en sí mismos y que recordarán que “la emancipación de la clase obrera está en el propio obrero...venceremos en un año o venceremos en diez, pero venceremos”. Cabe realizar aquí una aclaración. Perón nunca fue comunista, nunca fue de izquierda, nunca propuso la lucha de clases pregonada por el marxismo. Su proyecto apuntaba a la alianza de clases. Estado, empresarios y trabajadores en una relación armónica, con una distribución equitativa de la riqueza. Sin embargo, se topó con una cerrada negativa empresarial a asumir los costos de las mejoras laborales y el apoyo de los sectores más concentrados del campo (la Sociedad Rural Argentina) y la Unión Industrial Argentina a la oposición política. Ante este escenario, Perón se reclinó sobre el sector que lo apoyó sin condicionamientos: la clase obrera. Fue precisamente la clase obrera la que protagonizó la histórica jornada del 17 de octubre de 1945, en que se protestó -pacíficamente- por la libertad de Perón. Cientos de miles de obreros y obreras abandonaron sus puestos de trabajo y se dirigieron a la histórica Plaza de Mayo. Si bien el movimiento obrero no nació con el peronismo y tiene una larga historia de luchas protagonizadas por anarquistas y socialistas a comienzos del siglo XX, ese día ocurrió algo nunca antes visto. Era el “subsuelo de la patria sublevada”, que reclamaba por la libertad del coronel que les había otorgado derechos laborales, que los había dignificado por primera vez. Antes de Perón, la única cara del Estado que conocían los trabajadores era la cachiporra, los palazos y los tiros de la policía. Poco antes de la medianoche del 17, Perón fue liberado y habló ante la multitud afirmando que renunciaba a todos sus cargos y lanzaba su candidatura a presidente para las elecciones de febrero de 1946. A la semana, Perón contrajo matrimonio con María Eva Duarte, que en poco tiempo se transformaría en “Evita” y se lanzó de lleno a la campaña electoral. Conformó una alianza con el flamante Partido Laborista (creación de los sindicalistas que lo apoyaron) y un pequeño sector de la Unión Cívica Radical Junta Renovadora. Enfrente tuvo una poderosa coalición electoral, la Unión Democrática, integrada por la Unión Cívica Radical, los conservadores, los partidos de izquierda (Socialista y Comunista) y el apoyo indisimulado de la Embajada de los Estados Unidos. Sin embargo, Perón ganó las elecciones -absolutamente cristalinas- con más del 50% de los sufragios. Eva Duarte de Perón, la eterna abanderada de los humildes Asumió el 4 de junio de 1946 e inició un profundo proceso de transformaciones políticas y económicas, siguiendo las banderas de la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social. Con el Primer Plan Quinquenal profundizó enormemente la industrialización del país, a través de una institución central, el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) que nacionalizó el comercio exterior. Asimismo, se crearon empresas estatales y se nacionalizaron servicios públicos (agua, gas, teléfonos, ferrocarriles, Aerolíneas Argentinas). Se realizó una profunda reforma penitenciaria que humanizó el castigo. Se llegó a la distribución más equitativa de la riqueza producida por la sociedad argentina en toda su historia: 50% para los empresarios y 50% para la clase trabajadora. Había trabajo, había consumo y la “Argentina era una fiesta”, como reza el título de una obra del destacado historiador (insospechado de peronista) Félix Luna. En 1947 se sancionó el voto femenino por iniciativa de Evita, que hizo suyas las banderas de un reclamo que llevada varias décadas. En 1949 se realizó una reforma constitucional que estableció los derechos sociales, del trabajador, de los niños y ancianos y también la posibilidad de la reelección presidencial. No todas fueron luces, el gobierno peronista también tuvo sus sombras. Cabe señalar una creciente intolerancia hacia la oposición política (radicales, socialistas, comunistas), los intelectuales y estudiantes, la censura a los medios de prensa y una subordinación absoluta del sindicalismo al estado. En noviembre de 1951, Perón fue reelecto por segunda vez: obtuvo el 62% de los votos. Fue el triunfo más holgado de la historia argentina. El 26 de julio de 1952, la desgracia golpeó nuevamente la puerta de Perón. Muere, también de cáncer, Evita, amada por los humildes y odiada por las clases altas y medias altas. En pocos meses, la “parca” visitó nuevamente a Perón. Murió su madre, su cuñado Juan Duarte y su vicepresidente Hortensio Quijano. En la segunda presidencia, afirman los estudiosos, Perón fue impermeable a las críticas. Se deshizo de los sectores más lúcidos (Domingo Mercante, Arturo Jauretche, Arturo Sampay) y se rodeó de adulones. Se peleó con la Iglesia Católica -otrora aliada, por el anticomunismo de Perón- y con sectores del Ejército.   El 16 de junio de 1955 aviones de la Marina arrojaron más de cien bombas sobre la Plaza de Mayo y zonas aledañas con el objetivo de matar a Perón y minar a sus bases sociales. Murieron más de 350 personas y hubo miles de heridos en la masacre contra la población civil más importante de la historia argentina. La suerte estaba echada: exactamente tres meses después, el 16 de septiembre, se produjo un nuevo golpe militar, autodenominado “Revolución Libertadora”. Perón, fiel a sus convicciones ideológicas y para evitar una guerra civil, decidió no entregar armas a la clase obrera para que defendiese su gobierno. Eligió irse, dando inicio a un largo exilio de casi dieciocho años en que vivió en varios países de Centroamérica (donde conoció a quien sería su tercera mujer) y en España. 16 de septiembre: Día Nacional de la Derecha Argentina En 1961, Perón, ya instalado en el barrio madrileño de Puerta de Hierro, contrajo matrimonio con María Estela Martínez, “Isabelita”, puesto que en la España católica y conservadora de Francisco Franco, esa convivencia sin estar casados no era bien vista. En 1964, Perón intentó volver a la Argentina. Circulaban mitos que regresaría en un avión negro, que iba a aterrizar en el norte del país y vendría en una marcha multitudinaria hacia la Capital Federal. Nada de esto ocurrió, en la escala técnica en Río de Janeiro, fue detenido y obligado a volver a España. En la Argentina, su liderazgo era cuestionado por un líder sindical, Augusto Timoteo Vandor, El Lobo, que planteaba un “Peronismo sin Perón”. En Puerta de Hierro, acompañado por su esposa, su mayordomo (el nefasto José López Rega) y sus caniches, Perón podría haberse retirado de la escena y vivir sus últimos años con serenidad, paseando por la Gran Vía. Pero su genio y su músculo pudo más: siguió siendo, a miles de kilómetros, un actor central de la convulsionada política argentina. Alentó los movimientos de liberación nacional, escribió una carta en ocasión del asesinato del Che Guevara (también un 8 de octubre, de 1967), afirmando que “murió el mejor de los nuestros” y elogió a la naciente guerrilla de Montoneros. El 17 de noviembre de 1972, pudo regresar, por unos días, a su amada Argentina. Gobernaba otra dictadura militar, esta vez autodenominada “Revolución Argentina”. Perón vino a tejer alianzas con otras fuerzas políticas para las futuras elecciones. Creó el Frejuli (Frente Justicialista de Liberación) y colocó a su delegado personal, Héctor J. Cámpora, como candidato a la presidencia, quien ganaría las elecciones.     Tras dieciocho años de proscripciones y fusilamientos, el peronismo volvió al poder. No todo era alegría: además de unas fuerzas armadas que regresaron poco convencidas a los cuarteles, el peronismo atravesaba una fuerte disputa interna. Por un lado, los sectores juveniles, la “Tendencia Revolucionaria”, creía que Perón regresaría para construir la Patria Socialista. Por el otro, los sectores sindicales y el ala política, bregaban por la Patria peronista (una remake del peronismo distribucionista de la década de 1940).   El 20 de junio de 1973, el viejo y enfermo líder regresó definitivamente a la Argentina. Una brutal balacera en Ezeiza impidió el encuentro de Perón con su pueblo que se había movilizado masivamente para recibirlo -más de tres millones de personas-. Al día siguiente, Perón comenzó a mostrar sus cartas. Fiel a su ideología, en esa disputa entre el proyecto socialista y el peronista, apoyó sin miramientos al segundo y se inició la depuración de todo lo que “oliese” a izquierda en el movimiento. Tarea que estuvo a cargo de su ex mayordomo y Ministro de Bienestar Social, José López Rega, con la creación de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). El 23 de septiembre de 1973, Perón fue elegido presidente por tercera vez, con el 61% de los sufragios. El peronismo ganó en los 24 distritos, incluso en la Capital Federal, bastión tradicionalmente antiperonista. Dos días después fue asesinado por Montoneros José Ignacio Rucci, líder sindical y mano derecha de Perón. Una guerra sin cuartel se desató contra la izquierda peronista, que concluyó en el acto del 1° de mayo de 1974 cuando Perón los trató de estúpidos, imberbes y los echó de la Plaza de Mayo. El 12 de junio se produjo el último encuentro entre Perón y la clase trabajadora. En ese discurso, afirmó que llevaba en sus oídos la más maravillosa música que era la voz del pueblo argentino. Una historia con cinco golpes de estado Casi tres semanas después, el 1° de julio de 1974, Juan Domingo Perón murió. Ante su féretro, en el Congreso, desfilaron más de 135 mil personas; afuera, un millón de argentinos y argentinas quedaron sin dar el último adiós a su líder. Las crónicas narran que en Buenos Aires no paró de llover por cuatro días. Sin embargo, una multitud incalculable se concitó a lo largo de las avenidas Callao y del Libertador para rendir homenaje –al paso del cortejo- al presidente desaparecido. Líderes de todo el mundo expresaron sus condolencias y más de dos mil periodistas extranjeros informaron de todos los detalles de las exequias. En esos días se celebraba el Mundial de Fútbol en Alemania y en los partidos se interrumpió el juego por un minuto para rendir homenaje al líder político argentino. Juan Domingo Perón fue enterrado en el Cementerio de la Chacarita. Trece años después, en 1987, su cuerpo fue vejado, le cortaron las manos y robaron su bastón de Teniente General. Finalmente, en el 2006, en una jornada de tensión entre sectores del sindicalismo, su cuerpo fue trasladado a la Quinta de San Vicente (donde pasaba sus vacaciones con Evita). Allí realiza hoy su descanso eterno el líder político más importante de la historia argentina. perfilcom@perfil.com

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