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CULTURA

6 de septiembre de 2021

“Entremanos”, una luminosa experiencia de encuentro en torno al piano y el folklore

El talento y la formación de Silvia Teijeira y José Bulos confluyen en una experiencia que los vincula en torno a dos pasiones comunes: el piano y la música folcklórica. El concierto del dúo, en el Teatro 3 de Febrero, dio cuenta del objetivo de reposicionar ese instrumento en la consideración popular exponiendo sus posibilidades para interpretar ritmos del país en una propuesta de alto nivel.

Una feliz e inolvidable ocurrencia de Enrique “Mono” Villegas dejó estampada en la memoria una frase célebre. Parafraseando los versos del Himno Nacional, el recordado pianista de jazz manifestó al periodismo: “Al gran pueblo argentino… ¡pianos!”

Aquella expresión de deseo ha sido retomada por Silvia Teijeira y José Bulos en “Entremanos”, espectáculo en el cual estos talentosos artistas de la provincia han hecho confluir sus conocimientos, su técnica y su sensibilidad.

Luego de más de un año intenso de preparación, los responsables de la iniciativa la presentaron con un concierto en vivo el sábado 14 de agosto, en el Teatro Municipal 3 de Febrero.

El encuentro entre artistas y público constituyó una celebración de principio a fin. Tanto por la intención de los músicos por compartir su trabajo como por el deseo del público de disfrutar lo que ambos habían preparado.

Desde la “Canción de cuna costera”, en versión con arreglos de Teijeira, que comenzó el encuentro, hasta el cierre con “A propósito de la conveniencia de no andar tan cargado”, chamarrita de Bulos, el concierto constituyó un recorrido luminoso por especies folklóricas de distintas regiones del país, con el foco ubicado en el Litoral. Intercaladas en el intervalo entre cada composición, una breve didascalia con comentarios permitió comprender razones de la elección de cada tema y el espíritu general de esta producción: revalorizar la interpretación de música folklórica en el piano. En ese sentido la intervención de cada instrumentista sobre el teclado permitió apreciar a pleno las incomparables posibilidades que ofrece este instrumento que, sin duda, merece ocupar nuevamente un lugar central en las preferencias del público.

Con este enfoque, dueña de una técnica refinada que le permite trasladar a la interpretación su sensibilidad, Teijeira demostró en la primera parte su amor profundo por la música litoraleña, y en particular por el chamamé, género que conoce y que la atraviesa existencialmente. Así pasó un clásico del repertorio, “Alma guaraní”, con música de Damasio Esquivel y texto de Osvaldo Sosa Cordero que la artista leyó para exponer la delicada filigrana que trama versos y melodía para reflejar el espíritu que expresa a un pueblo y una cultura.

El recorrido musical –que no dejó de lado una referencia a la traumática experiencia generada por la Pandemia en este caso en relación a la temporalidad- continuó con dos piezas de Ariel Ramírez –vidala y malambo- seleccionadas de su obra “15 estudios para piano sobre ritmos y formas de la tradición musical argentina”. En ese segmento incluyó la lectura de “El recodo”, bello texto escrito por la poeta Cecilia Oberti en plena pandemia con el cual –en mayo de 2020- capturó imágenes e impresiones de un momento complejo. La música y las palabras encontraron en Teijeira una interprete deslumbrante, que sostiene su tarea en un desempeño técnico –fruto de décadas de trabajo- que no desdeña la emoción.

Luego llegó el chamamé “No es chicharrón de vizcacha”, escrito por el acordeonista federalense Higinio `Changuito´ Medina, en la versión para piano realizada por la intérprete. Se trató de un reconocimiento y respetuoso homenaje al músico popular que supo conmover y hacer bailar al público en el Festival Nacional del Chamamé, de Federal.

La primera parte concluyó con “Hacete el zonzo”, un aire de chamarrita de José Bulos en una descollante versión a cuatro manos, en la que se hizo visible el propósito de los músicos de dar a conocer las posibilidades del piano para proyectar la música popular.

 

MATICES

Se abrió entonces otro momento del encuentro que llevó al centro de la escena a José Bulos, que abrió su participación solista con “La última palabra”, zamba del santafesino Ariel Ramírez. La interpretación permitió a la audiencia reconocer las posibilidades armónicas que ofrece el piano para proyectar la música popular de raíz folklórica. Y también las sutilezas que expresa la singularidad en la interpretación, que quedaron expuestas en el modo de Bulos de vincularse con el teclado, con una energía para pulsar las teclas distinta a la de Teijeira.

Los aspectos rítmicos y su tratamiento –a través de recursos como la síncopa y el contratiempo- fueron expuestos en una seguidilla dedicada a la música del Litoral: “Agua y sol del Paraná”, canción de Ramírez; “El mingo” y “Estando solo”, dos chamamés del entrerriano Abelardo Dimotta –a quien Bulos como integrante del Movimiento De costa a costa realizó un reconocimiento en el centenario de su nacimiento que se recuerda este año-, y “Añorando”, del chaqueño Nini Flores.

“Don Octavio armoniquero”, polca de Marcia Müller fue presentada como tributo a los inmigrantes y las colectividades que llegaron al país para dar paso nuevamente al encuentro de ambos pianistas en el dúo “Entremanos”. El dúo se encontró en la versión para cuatro manos de “Latiendo”, galopa escrita por Teijeira.

Con una energía envolvente que se expandía desde la interpretación del piano en el escenario colmando toda la sala –traducida en aplausos, expresiones de afecto y algunos `sapukay´- llegó la contundente versión de la pianista del clásico de Raúl Barboza, “Tren expreso”. Fue una locomotora que llevó al concierto a nuevas cimas.

Y tras el impacto contagioso del chamamé, llegó la despedida con la hermosa versión de “Canción a Puerto Sánchez”, de Jorge Méndez. Concluyó así un brillante periplo musical por distintas regiones del país con el piano como vehículo y dos maduros intérpretes como conductores. El recorrido dejó a los oyentes en el mismo sitio, junto al río, donde había comenzado a orillas de Paraná con la “Canción de cuna costera”. Una más de las delicadezas que reflejaron el cuidado exquisito con que Teijeira y Bulos concibieron el espectáculo.

 

PERSPECTIVA QUE RENACE

Durante una entrevista previa al concierto, entre recuerdos de infancia, evocación de recuerdos y personas, y análisis del panorama cultural, la figura de Waldo de los Ríos fue convocado por Silvia Teijeira como bisagra que articula el cruce entre un enfoque academicista con una vertiente musical ligada a lo popular. La presencia del pianista, compositor y director de orquesta es un eslabón en una cadena que integran –entre tantos- Alberto Williams, Alberto Ginastera, Ariel Ramírez, Adolfo Ábalos, Guillermo Zarba, Hilda Herrera.

Esa cadena de pianistas que en la década del `70 se cortó, abruptamente, a cinco décadas de ese momento se ha regenerado con referentes como Lilian Saba, Carlos Aguirre, Nora Sarmoria, Teijeira y Bulos. Ellos, entre otros, expresan nuevos brotes que reverdecen un árbol que crece nuevamente desde hace 20 años, a partir de una mirada amable y de profundo cariño y respeto por la música de caracter folklórico. Una mirada que se presenta despojada de prejuicios que la lleven a asociarle rasgos –ligadas al piano por ejemplo- que la tornen más `importante´ “en términos de solemnidad”. Para ello, dice la pianista “hay que avanzar hacia la comprensión de la autenticidad de lo nuestro, que posee una riqueza hermosa, y que tiene una identidad que se ha conformado con las sucesivas capas e influencias que ha recibido y recibe”.

Con este enfoque, opina que “nuestra música tiene mucho para dar a partir de lo que es. Tenemos que trabajar para entender que tiene un código riquísimo y usarlo de un modo que resulte revitalizador y potencie nuestras expresiones. En eso estamos”.

Con este marco la tarea de Teijeira y Bulos se vislumbra claramente. Escribir arreglos para obras reconocidas del repertorio, enriqueciéndola con recursos técnicos, estéticos sin desvirtuar el sonido y estilo esencial. Para ello sobra amor al instrumento, a la música, “a nuestra identidad como pueblo y a las expresiones artísticas que lo expresan”. Sólo cabe esperar que la fortuna y el apoyo de quienes toman las decisiones en áreas cercanas al quehacer cutural -del sector público y privado- tomen debida nota y colaboren en el trabajo de estos dos entrerrianos que ya vuelan alto en el firmamento del panorama musical argentino.

◊ Carlos Marín  -  cmarin@eldiario.com.ar

 
 

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