INSTITUCIONALES

22 de febrero de 2018

Entre Ríos nació en El Espinillo

La batalla de Espinillo el 22 de febrero de 1814 cerca del puente actual sobre la ruta nacional 18, a 25 kilómetros de Paraná, fundó la independencia de Entre Ríos con la mezcla de la sangre de entrerrianos y orientales contra un ejército porteño al mando de un coronel alemán.

Desde que Mariano Moreno quedó aislado en la primera Junta, separado de su cargo, enviado a Europa y quizá asesinado en alta mar, la revolución comenzó a perder fuerza y se perfilaron las figuras estrictamente “porteñas” del directorio de Buenos Aires, entre ellas Gervasio Antonio Posadas.

Artigas veía en el directorio de Buenos Aires un enemigo de la causa nacional, sudamericana, de igualdad en libertad de criollos, indios, negros, todos. Era la causa de los pueblos americanos enfrentados a las metrópolis que para su existencia y provecho necesitaban ante todo del comercio con Europa, Inglaterra en especial.

Entre las minorías que miran hacia el exterior para tomar allá ideas y consejo y obtener beneficios y las mayorías apegadas al suelo natal que conocen al detalle y aman sin condiciones se ha venido desarrollando la historia sudamericana, inconclusa porque los factores que la movilizaron desde el comienzo se mantienen vivos y enfrentados todavía en la política de cada día. Por eso nuestro pasado es parte de nuestro presente y no podemos desestimarlo sin correr el riesgo de reincidir en los errores.

Tanto era Artigas un indeseable para Buenos Aires que cuando el jefe militar de la Baxada del Paraná, Eusebio Hereñú, reconoció la autoridad del jefe de los orientales y destituyó al alcalde Andrés Pazos, el director Posadas le mandó un ejército para hacerlo volver a la anterior sumisión con estas órdenes dirigidas al comandante, el coronel alemán barón Eduardo Kaunitz von Holmberg:

“El primer objeto de su comisión es apoderarse de todos modos y a cualquier costa de la persona de don José Artigas (…)Luego que esté en disposición de hostilizar lo hará infatigablemente, cortando víveres, convoyes, estorbando la reunión de las familias y de gentes armadas o inermes, desmembrándole las que tenga reunidas ya por medios de dispersión, ya por premios que ofrecerá a los que lo abandonen y el de 6 mil pesos al que lo entregue vivo o muerto al citado Artigas (…)

Si llegara a apoderarse de éste o de las personas de Barreiro, Torgués o Texo, los hará fusilar (…)Para que pueda proceder con la debida legalidad publicará el día 16, así en las divisiones militares como en los pueblos de Entre Ríos un bando en que se declare traidores a la Patria a Artigas y sus cómplices. El bando se remitirá oportunamente.

La actitud cruel y traidora está a la vista: fusilar primero y justificar después, no hacer distinción entre armados e inermes. Es la misma actitud que le costó la vida a Manuel Dorrego años más tarde. Primero se fusila a Artigas, a Otorgués y los demás y para que la cosa parezca legal, va un bando que lo declara traidor. De las misma manera, cuando los rivadavianos hicieron que Lavalle fusilara a Dorrego le hicieron ver que para que el crimen, ya cometido con el gobernador de Buenos Aires fuera legal, debía estar precedido de algunas formalidades, y ahí nomás prepararon post mortem los papeles.

Cuando contra todos los pronósticos porteños, Holmberg fue derrotado en el Espinillo por las fuerzas orientales y entrerrianas al mando de Otorgués y Hereñú, éste le respetó la vida y luego lo liberó. A diferencia de los doctores porteños, los entrerrianos y los orientales eran gauchos sin intereses económicos predominantes ni mezquindades; querían la libertad, no la muerte, y luchaban por lo propio y no por quitarle nada al vecino.

La batalla se produjo el 22 de febrero de 1814 en campos entre los arroyos Espinillo  y Sauce , cinco leguas al este de la Baxada del Paraná a cinco kilómetros de La Picada por un camino vecinal que una las rutas 12 y 18 y que hoy lleva el nombre de “Batalla del Espinillo”.

Cuando las diferencias entre la política porteña y el interior eran ya claras -hoy son mucho más claras todavía- fue la primera batalla de la guerra civil del Río de la Plata, que tuvo entre sus consecuencias menos afortunadas la derrota de Artigas por su ex lugarteniente Ramírez en Las Tunas en 1820 y la creación por obra del Imperio Británico 10 años después de la República Oriental del Uruguay.

Cuando Artigas supo de la creación del Uruguay en su exilio paraguayo, dijo: “Ya no tengo patria”. Hoy todavía mucha gente lo considera un héroe nacional uruguayo, lo que pone de manifiesto cuánto camino hay que andar para poner de nuevo de pie a los pueblos divididos y enfrentados.

El historiador uruguayo Gonzalo Abella insiste en que la historia oficial lo ha hecho un desconocido en su tierra. Dice que el monumento del prócer en la plaza de la Independencia de Montevideo lo hace parecer a un condottiere italiano montado en su robusto caballo y no a un jinete charrúa en un flete liviano y veloz que cruza como el rayo el paisaje oriental.

Para la diplomacia británica el Uruguay fue un “algodón entre dos cristales”, entre la Argentina y el Brasil.

El Foreign Office no podía tolerar que un solo país fuera dueño de ambas márgenes del Plata, como iba a ser el caso después de la victoria argentina sobre el Brasil en Ituzaingó.

El Espinillo fue la batalla inicial de la guerra que durante décadas dividió al país entre unitarios y federales. Gracias a ella los federales tuvieron el control de Entre Ríos y Posadas no tuvo más remedio, con sus tropas derrotadas, de dictar un decreto que creaba la provincia soberana de Entre Ríos y establecía límites, autoridades y sistema de gobierno.

Antes de El Espinillo, el 20 de enero, Artigas abandonó con más de 3.000 hombres el sitio de Montevideo en desacuerdo con la política de directorio porteño. Este hecho hizo que Posadas ofreciera 6.000 pesos a quien lo entregara vivo o muerto.

El 20 de febrero de 1814 Hereñú reconoció a Artigas como Protector de los Pueblos Libres y desconoció la dependencia entrerriana del cabildo de Santa Fe. Posadas mandó a Holmberg con 400 soldados con artillería pasar de Santa Fe a Entre Ríos para alistar en nuestra provincia las tropas que pudiera y nombró comandante de Entre Ríos a Hilarión de la Quintana, que estaba en Concepción del Uruguay.

Cuando Holmberg cruzó el Paraná y se apoderó de la Baxada, Fernando Otorgués cruzó el Uruguay desde Paysandú (todo era entonces el mismo país, no era una guerra convencional sino una guerra civil). Desalojó de su puesto en Concepción del Uruguay a De La Quintana y marchó tan rápido como pudo hacia el Paraná.

El 22 de febrero de 1814 la columna de Otorgués, con las fuerzas de Hereñú y de Juan León Sola, derrotaron a von Holmberg en El Espinillo. Otorgués y Ereñú respetaron las vidas de von Holmberg y de la Quintana y luego los liberaron.

El 23 de abril se declaró la independencia de Entre Ríos y el directorio inició negociaciones con Artigas, ante la imposibilidad de apresarlo ni de fusilarlo ni de envenenarlo, misión que Sarratea le había encargado al mismo Otorgués a cambio de muchas monedad de oro. Buenos Aires, a la fuerza, aceptó la independencia entrerriana, que luego se encargaría de anular en los hechos, pero rechazó los planteos federalistas de los enviados de Artigas como antes había rechazado a los enviados a la Asamblea del año XIII.

Dice el profesor Mauricio Castaldo, que vive en María Grande, que el 22 de Febrero de 1814 nació políticamente Entre Ríos como territorio autónomo en el combate del Espinillo. Ese día -recuerda- una columna de orientales -la Banda Oriental era una provincia más- enviados por Artigas y capitaneados por Otorgués vino a apoyar a las fuerzas entrerrianas comandadas por Hereñú y juntos derrotaron completamente el ataque centralista encabezado por el barón de Holmberg.

“Después del triunfo se declaró la independencia de Entre Ríos, la soberanía particular del pueblo entrerriano confederado en la Liga artiguista revolucionaria. Hasta ese momento, Entre Ríos había sido el patio trasero de Buenos Aires y Santa Fe, que se repartían las decisiones, la riqueza y el poder.

Entre Ríos pasó a ser entonces uno de los Pueblos Libres de la Liga Federal artiguista hasta 1820, año en que el proyecto federalista original fue traicionado y derrotado.

El proyecto federal era muy claro: independencia sudamericana, autonomías con mayúsculas -y no provincias con minúsculas- y confederación tenían que ir de la mano, porque no iba a haber independencia verdadera y libertad sin autonomías y no iba a haber pueblos libres sin lucha común federada por la independencia”.  De la Redacción de AIM.

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